Días 87 a 91 – Argentina – Zona del El Cóndor y la Lobería – 79 km

Zona del El Cóndor y la Lobería

1 a 5 de octubre.

El Cóndor resultó ser un pueblo costero con muy poca gente, es temporada baja. La costa es muy bonita, comienza aquí una zona de acantilados impresionantes donde anidan los loros barranqueros, según nos dicen unos 20.000 nidos ocupados! Una locura!, son como las cotorras, no paran de emitir ese sonido tan chirriante. Son varios kilómetros de acantilados activos, de más de 30 metros de altura, formados por el depósito de capas arenosas y arcillosas. La erosión de los acantilados producida por las mareas y el viento, modelaron las restingas y el característico bloque con forma de espigón natural que se observa en estas playas. 

La marea baja como 50 m de playa quedando unos paisajes y paseos espectaculares.

El día completo en la playa, paseos, loros, mirar y mirar el horizonte por ver ballenas. Jesús se da un festín sacando fotos a los loros, de todas las posturas y situaciones. A la tarde sesión de revelado de fotos y lectura.

Al día siguiente volvemos a Viedma, hacemos compras y vamos a la costanera dónde había buen wifi. Jesús tiene que hacer las facturas de DeleyNet. Salimos tarde y volvemos al Cóndor, pero esta vez cambiamos a una zona un poco más alejada del pueblo, lo llaman la segunda bajada al faro y es otra entrada al mar dentro de la pared de acantilados de la costa. Pasamos la noche completamente solos con los loritos y el mar de fondo.

Jesús quiere hacer un timelapse del la subida de la marea, quiere porque al final lo deja ya que la marea sube muy despacio y tardará más de 5 horas en completarse. Durante este tiempo llegan unos pescadores a recoger el pescado atrapado en una red que tienen en la playa, Jesús charla, le explican que son pejerrey y pequeñas pescadillas. Extienden unas redes en la marea baja, cuando sube los peces que pasan por ellas quedan atrapados. Nos regalan unos cuantos que Jesús prepara frita y resultan muy ricas, hasta para Carmen. Después de comer nos vamos a la Lobería, siguiendo la costa, cuando llegamos ya es tarde, los lobos de mar se ven desde lo alto del acantilado, un poco lejos. Nos acercamos a la zona habitada y bajamos a la playa pero ya no hay luz y la marea está alta, no apreciamos lo bonito que es el lugar. A pesar de eso seguimos varias pasadas de un gran petrel de más de 1,5 m de envergadura. Arriba pernoctamos junto a un mirador, un privilegio.

Jesús baja muy pronto a la costa, la marea está bajando y se va por la playa hasta la Lobería, unos tres kilómetros. El paseo hasta la lobería es todo un espectáculo paisajístico ,acompañado por el sonido del mar y la soledad más absoluta, con el mar a la izquierda y el acantilado a la derecha, en ocasiones se tiene que retirar mucho del acantilado pues está peligroso por los desprendimientos . La llegada a la lobería es emocionante, tras doblar un gran peñasco le recibe un gran macho de lobo marino junto a una hembra. Ante la presencia de Jesús , el macho obliga a la hembra a alejarse, a base de empujones la lleva unos 10 metros junto a otro grupo lobos marinos, tras una sesión de fotos y no queriendo alterar mucho a los animales regresa muy contento.

El resto de la mañana lo pasamos paseando por la playa, ¡que bonito es el paisaje que va dejando la marea baja!, son restingas llenas de pozas, formas distintas de las rocas, arena fina, piedras de colores, una locura. 

Comemos una pizza en el restaurante al lado del mirador y después nos vamos a ver la Lobería, que está a 5 km más al sur. Un parque provincial, refugio de la colonia de lobos marinos y elefantes marinos más grande de Argentina, en los carteles pone que 15.000, llegamos muy tarde y la marea está muy alta, dejando poco que ver de playa, aún así es impresionante lo grandes que son y ¡los que hay!, En el paseo vemos un halcón peregrino ¡ Yyy una ballena saltando, grande, preciosa! Es la misma lobería que Jesús vio por la mañana pero él solo pudo ver el inicio de la Lobería, no esperaba que fuera tan grande.

Queremos volver al día siguiente pero los guardaparques nos dicen que cierran, ¡porras!, además nos indican que la carretera por donde queríamos ir está cortada, no podemos hacer el camino de la costa que debe ser espectacular, bueno todo no se puede tener. Volvemos de nuevo al parquin, donde el mirador de la noche anterior, a dormir.

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