La Cataratas de Iguazú del lado Argentino
Costa Ramón, el camping dónde amanecemos, está construido en terrazas todas ellas en parte techadas, miradores con mesas y sillas, cocina completa y servicios impecables también tiene piscina que no aprovechamos porque hace frío.
El parque de las Cataratas de Iguazú del lado Argentino queda lejos y preferimos dejar la Merche descansar y tomar un taxi. Abren muy pronto por lo que quedamos con Héctor, el taxista, un argentino curioso, manco! y jubilado, señor muy amable que nos va a llevar a todos los lugares en estos días.
Entramos al parque, tampoco nos parece que haya mucha gente, en la puerta se nos ofrece un guía para enseñarnos los rincones y guiarnos por todo el recorrido aceptamos ya que no es caro y además nos irá explicando la historia, flora, fauna, etc.
Queda poco que decir de esta maravilla de la naturaleza que no hayamos dicho ya. La diferencia con el lado Brasileño es que tienes acceso a la Garganta del Diablo en su parte superior recibiendo en tu cuerpo y rostro todo el rocío que desprende.
Hay unos pajarillos que están constantemente volando, son los “acróbatas del aire”, el vencejo de cascada, que es el símbolo del Parque Nacional Iguazú de Argentina. Excelentes voladores, pasan gran parte del día en el aire, pero anidan y duermen en los paredones de basalto, aún detrás de las cortinas de agua.
Mientras caminábamos hacia el final del recorrido, desde donde se puede apreciar la inmensidad del agua que cae en la famosa Garganta del Diablo, nuestros corazones latían con más y más fuerza. Es que la sensación de ir sintiendo el rugido del río cuando cae al vacío y se estrella contra el fondo es incomparable.
Primero hacemos el sendero verde dónde sorpresa ¡Vemos un tucán!!!, Muchos pájaros y árboles que el guía nos dice el nombre y características.
En Argentina Iguazú tiene dos senderos, uno «el de abajo» que recorre las cataratas por un nivel bajo que te acerca mucho hasta la misma caída del agua, y otro, «el de arriba», que recorre la parte superior y te acerca al mismo borde de la caída del agua. Para el final, por la tarde, dejamos un recorrido en tren que te acerca a unas pasarelas que cruzan el río Iguazú y ponerte encima mismo de la “Garganta del Diablo”. Para hacernos una idea de este lugar, esta poesía que cuelga de un poste en uno de los senderos recorrido:
MARAVILLA NATURAL
GARGANTA DEL DIABLO
Permite que tu alma sea saciada
con la belleza impar de este paisaje
que aunque el mundo recorras en tus viajes
nunca podrás hallar, como esto, nada.
El bien y el mal dinámico y cambiante
encontrarás aquí desde su nombre
lleva en tu humilde corazón de hombre
un mensaje verídico y constante.
Medita y siente la emoción profunda
contempla el vibrante paroxismo
que de brumas eternas se circunda.
Y no intentes describirlo con tu voz
solo inclina la frente ante este abismo
que es el espejo de la palabra Dios.
Día completo, salimos también de los últimos y con ganas de más así que validamos nuestras entradas para poder entrar al día siguiente con un 50% de descuento.
Quedamos a las 10 con Héctor, el taxista, para ir al parque, Lola prefiere quedarse tranquila en el camping. En el trayecto hacia allí vemos una gran cola de coches parados, nadie puede salir ni entrar al pueblo, hay un piquete por los múltiples problemas que tienen los argentinos, en este caso porque quieren que se retire una tasa que graba la entrada de mercancías al pueblo y eso hace que todos los productos se encarezcan. Tras esperar un buen rato y las averiguaciones que ha hecho Héctor decidimos regresar al camping ya que el corte va a ser muy largo.
A la tarde quedamos con Héctor para recorrer la ciudad.
Primero nos lleva un lugar turístico llamado La Aripuca. Aripuca es la palabra que en guaraní se refiere a una especie de caja trampa para cazar animales sin matarlos. Este lugar tiene como principal atractivo la representación de la Aripuca a una escala enorme, como una casa de tres plantas, construida con enormes troncos de árboles de un diámetro superior a los dos y tres metros.
Tras la visita nos dirigimos al “Hito de las Tres Fronteras”. Es un lugar de ambiente muy turístico con muchos puestecitos de venta. Desde este lugar hay una plataforma desde la que se ve la desembocadura del río Iguazú en el río Paraná, estos ríos son la frontera entre Brasil, Argentina y Paraguay de manera que los ríos hacen una especie de T donde arriba sería el río Paraná y a su orilla Paraguay, el palo vertical sería el río Iguazú a la izquierda estaría Argentina y a la derecha Brasil.
El día siguiente (día 14 de septiembre y 61 del viaje) lo pasamos de descanso y relax en el camping, la dueña del camping nos termina por fin de poner la lavadoras, 6 en total. Pasamos un día totalmente relajados. Lola hace la maleta, parece increíble que pueda meter todo, pero al final lo consigue, Carmen hace la carne que quedó del asado guisada con calabaza y zanahoria y la verdad es que queda muy buena.
Día 62
Lola se marcha. 61 días con nosotros y ya se marcha, su vuelo sale a las 12.45 y salimos pronto por asegurar aunque el aeropuerto es muy pequeño y no creemos que pueda haber problema. Nos llevará Héctor, nos despedimos en la puerta del embarque con mucha pena, atrás quedan las vivencias de todo el recorrido por Uruguay con Montevideo, sus costas, El bosque de Ombúes, Cabo Polonio, la quebrada de los Cuervos, la represa de Cuñapirú y Argentina con las Misiones Jesuíticas, los Esteros del Iberá, los saltos del Moconá, las minas de piedras preciosas de Wanda y las Catarátas de Iguazú.
Salimos para pasar el último día en las cataratas, esta vez para hacer el sendero Macuto, sendero de 6 km en la selva, no vemos nada, bueno si unos monos y muchas mariposas. Se nos hace tarde y decidimos comernos unas hamburguesas en un establecimiento enjaulado, por eso de los capibara. Jesús se queda con hambre y va a por una empanada, sale con ella en una bolsa de papel y sin previo aviso, a traición y con muy mala leche unos capibara se tiran a su bolsa quitándole la empanada y dejándole unos arañazos en la mano.
El tiempo nos queda justo pero no nos queremos ir sin asistir de nuevo al espectáculo de la Garganta del Diablo, vamos y regresamos corriendo pero perdemos el tren que queríamos coger para llegar a tiempo a la hora que habíamos quedado con Héctor, le hicimos esperar una hora, pero es un hombre muy amable y no le da nada de importancia, dice que le da lo mismo pasar el rato en la puerta de las Cataratas que en la puerta de su casa.


